También la pena se puede vomitar.
Todo roto y tal vez irrecuperable.
También pueden vomitarse verbos.
Cuando todo está tan atrasado.
Cuando todo está tan arrastrado.
Cuando todo son añicos, leves esquirlas
de una bomba que jamás estalló en tus manos
Ni en mis manos.
Estas manos que tipean sobre:
la ambigüedad
la inconclusión
las esperanzas desfallecientes
los vermús indoloros.
Una bomba cobarde.
Una bomba que no se anima,
que se caga encima, que nunca podrá.
A veces creo que detrás de tus palabras, que detrás de mis palabras, hay un cotillón hecho de recortes, papel glassé brillante, tijera y voligoma aferrada a collages que hablan de pasados, destinos e inequívocos gestos parecidos a:
Tus palabras.
Tus idiotas vaticinios (falta poco).
Mis palabras
Todas esas que odio tanto repetir.
Supongo que el cuerpo debe estar bien relajado.
O tal vez sea una cuestión de respiración anárquica.
Ella es un duende
Ella es un hada
Supongo que hay algún engranaje oxidado.
O capaz que es un problema de mal uso neuronal
Ella baila en la oscuridad
Ella intenta desligarme de mí.
Parece que el deseo de escribir algo bestial
equivale a no estar nunca en ninguna calle despierta.
Ella trata de demoler su sombra.
Supongo que los malos días serán,
consecuencia de la sangre contenida.
Parece que nada funciona
cuando en realidad sólo hay una cosa que no funciona.
Ella está aferrada a poca cosa.
Supongo que habrá de soltarse.
O quizás aprenda a flotar hacia arriba.